martes, 16 de julio de 2013

Para siempre

Pocas personas aman el día de hoy como lo hacía mi abuela. Hoy, 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, era una fecha cada año señalada en rojo en el calendario para mi abuela. Era SU día. El día en que más trabajaba, más sudaba, más gritaba, pero también el día en que más se divertía, más cantaba, más se emocionaba…

El día en que el trono de su querida Virgen del Carmen, llevado por marineros amigos de toda la vida, se paraba delante de su bar sólo para que ella le cantara su Salve Marinera antes de que lo embarcaran para darle un paseo por las aguas de un puerto tan suyo. 

Pero hoy todo será muy distinto. Esta vez irá ella también en el barco, zarpará pero para no regresar a tierra. Porque no hay nadie más del mar de lo que era ella. Era su deseo y hoy se hará realidad. Ella era mar y el mar era ella, y esa simbiosis se hace hoy más efectiva que nunca. 

Hoy nosotros le despedimos y el mar le abrazará para darle la bienvenida, con su Virgen del Carmen como testigo, y con su nieto a varios cientos de kilómetros deseoso de estar allí arropando a su familia en estos instantes tan especiales. 

Porque para mí mi abuela siempre fue lo más grande. Y siempre lo seguirá siendo. Siempre era el primer número que buscaba en la agenda, siempre el primer hombro en el que apoyarme, siempre las primeras manos que aplaudían mis logros. Siempre.


Te queremos abuela, te queremos allá donde estés. Siempre.



viernes, 5 de abril de 2013

Entre tú y yo


Como la más maravillosa obra de arte jamás creada, expuesta en el salón principal de un museo con mucho público. Como el edificio más bello jamás diseñado, cuyas obras se han detenido por las inclemencias del tiempo. Como una relación a distancia con la mujer más increíble jamás concebida.

La vida se encarga a veces de colocar obstáculos entre tú y el disfrute de la verdadera belleza. Obstáculos que no te permiten vislumbrar las cosas con claridad, pero obstáculos que al fin y al cabo desaparecen. El tiempo se encarga de allanar el camino entre tú y tus metas. Entre tú y esa obra de arte. Entre tú y ese edificio. Entre tú y yo.

Porque el salón se vacía. Porque el mal tiempo se disipa. Porque las distancias se acortan. 

jueves, 13 de diciembre de 2012

CLIFFHANGER



Como el último segundo del último capítulo de la season finale de la mejor temporada de tu serie favorita. Un personaje entre la vida y la muerte, una explosión, una mujer que descubre el secreto de su marido… En definitiva, un gancho que te deja con la miel en los labios, deseoso de ver el siguiente capítulo, que te deja a la espera de más a sabiendas de que tendrás que esperar para verlo. El suspense. Eso es un cliffhanger.


Podría decirse que la mejor temporada de la serie de mi vida está terminando, y con ella empieza la vertiginosa sucesión de episodios que van a dar pie a otra gran sesión. Complicadas tramas que han de cerrarse sí o sí en la próxima temporada, irrupción de nuevos personajes, nuevos e intrincados problemas…


Y ahora, en este punto de la historia, en esta temporada en que el protagonista de la serie se embarcó en una aventura que le llevó por un camino inesperado, le hizo un all in a la vida y salió vencedor, donde los buenos se volvieron malos, los malos se volvieron buenos, y en definitiva, tuvo lugar uno de esos giros argumentales que tanto acontecen en las mejores series, justo en este punto, miro hacia atrás, recojo todo lo bueno y empiezo a empaquetarlo todo, a meterlo en el petate, listo para saborear los coletazos finales de esta magnífica temporada de mi vida, esperando el cliffhanger que me mantenga en tensión hasta el inicio de la siguiente gran temporada. Y estoy seguro de que no decepcionará.

martes, 19 de junio de 2012

La tormenta

Y de repente se desató la tormenta. No en la tele, en la película que estaba intentando ver con ojos que miraban pero no veían, ni en la calle donde el sol brillaba alto, como solo hace en los días de verano, no: esa tormenta estaba descargando con furia en su corazón. Los oscuros pensamientos se habían ido arremolinando en su interior en forma de nubes negras durante las últimas semanas, y ya la concentración era tal que no que le quedaba otra sino reventar. La lluvia dentro de su corazón se manifestaba en su cara en forma de un manto de lágrimas; los truenos eran sacudidas de su cuerpo. Y cuando parecía que amainaba, que la tormenta cesaba, su inconsciente se encargaba de jugársela añadiendo pensamientos que más que un producto de su mente parecían producto de una glándula con tendencia a lesionarle psicológicamente. "¿Por qué yo?¿Por qué a mí?", se preguntaba.




Y no encontraba la respuesta, no existía ninguna lógica que imperase, que diera una solución a los problemas que enturbiaban su mente y ennegrecían su corazón. Se había mostrado comprensivo al recibir la noticia, incluso se había alegrado, era posible que lo que estaba sucediendo fuera lo mejor para los dos. Pero él lo que quería era estar con ella, respirar de su cabello, abrazarla fuerte contra su pecho... Y esos placeres le habían sido arrebatados.
 
Aún así, hizo acopio de fuerzas; quedaba poco para que ella llegara y debía mostrarse fuerte, frío y casi insensible. Una cosa era la tormenta que se producía en su interior y otra muy distinta lo que él quería demostrar de puertas para afuera. 


Y así lo hizo. 

Un día más. 

Un día menos. 

miércoles, 28 de marzo de 2012

El primero de muchos


Hace exactamente un mes, a esta hora, yo era un manojo de nervios. Con el culo cuadrado de estar 18 horas sentado en el mismo asiento del bus, un cerebro que no paraba de darle vueltas a lo que estaba haciendo y un corazón que latía desbocado, consciente de que, probablemente, aquél era el primer día del resto de mi vida.

Y no andaba muy errado. Desde el momento en que planté un pie en Barcelona y en lo sucesivo, mi vida no ha hecho sino cambiar, y creo que aquí, más que el hecho de independizarme o vivir en un sitio nuevo, tiene más que ver el "con quién".



En ningún momento me planteé que venir fuera una locura, que fuera demasiado rápido o cualquier cosa que se plantee alguien que no está convencido de haber tomado la decisión de su vida. Al revés, lo estaba deseando, pues sabía que iba a ser más feliz aquí.

Y tampoco andaba muy errado. Soy feliz, sí. No digo que antes no lo fuera, ya que estar rodeado de amigos y familia da una tranquilidad poco comparable a otras cosas.

En estos momentos mi vida va sobre ruedas, aunque una de ellas esté pinchada. Y es que todo me va perfecto, excepto por el hecho de que aún no tengo un trabajo. Pero estoy convencido de que eso pronto cambiará, y disfruto vislumbrando un futuro en el que a la sonrisa perenne que luzco ahora, se le una la estabilidad económica que aporta una ocupación. Y sé que es difícil en los tiempos que corren aislarse de todo y vivir para uno mismo, pero qué coño, ahora me toca a mí.

Siempre creí, vidente de mí, que cuando todo me fuera bien, sería algo parecido a lo que estoy experimentando ahora.

Y ésto no ha sido sino el primer mes. Ahora toca esperar a ver qué es lo que me aventura (nos aventura, porque ahora no estoy solo) el paso del tiempo.

martes, 17 de enero de 2012

La perfecta sensación...


...de que todo está como tiene que estar. De que cualquier contratiempo que tenga a bien cruzarse en tu camino no va a lograr deshacer esa sonrisa que tienes clavada en la cara.

Es curioso cómo una sola persona puede cambiar todo un mundo. O al menos hacértelo ver de otra manera. Si algo he aprendido es que a veces hay que reprimir la ilusión, pues tiende a ser traicionera y provocarte dolores mucho mayores que los que el propio golpe supone. Pero hay veces que la misma ilusión cabalga desbocada y no queda sino dejarla en libertad.

Éste es uno de esos momentos en la vida en qué piensas que nada puede ir mal, y que si algo malo ocurre, bienvenido sea, pues en la correcta compañía cada golpe es una caricia.



Dicen que las líneas paralelas se cruzan en el infinito. Y el infinito parece estar mucho más cerca ahora.

jueves, 14 de abril de 2011

La terrible sensación...

... de que las cosas están a punto de explotar. De que no queda nada para que todo salte por los aires. Y la terrible sensación de no saber por dónde protegerte, de que los palos pueden venir por cualquier lado.
La amarga sensación de saber que algo va a pasar y ser consciente de la imposibilidad de evitarlo.
Y saber que si lo intentas, la bomba puede explotarte en las manos.

viernes, 11 de marzo de 2011

La mascota

Desde que tengo uso de razón, siempre quise tener un perro. Y siempre que soltaba la frase "Mamáaaa, ¡quiero tener un perro!" me topaba con una frase lapidaria que mandaba al carajo cualquier posibilidad: "Entra un perro aquí y vosotros salís por el balcón". Y punto.

Y no será por mascotas. En mi casa por una cosa o por otra, siempre hemos tenido animales. Unos más peludos (cobayas, hamsters), otros más plumíferos (pájaros) y otros sin pelos ni plumas (mi hermana María del Mar).

Recuerdo una vez que tuvimos un lindo gatito. Un lindo gatito que estaba to' loco porque un día, al poco tiempo de tenerlo, cogió a mi hermana por el pasillo y la dejó hecha una esterilla. Se vé que estaba en celo. Total, que al gato lo acabaron llevando a "un lugar mejor". Ésto te lo dicen a la tierna edad de 5 años como yo tenía y te lo tragas. Después hubo un parón en que no tuvimos mascota, y tuvimos que contentarnos con dar de comer y sacar a pasear a mi hermana.


Un buen día llegó mi padre a casa con una jaula con dos hamsters. Hasta ese día yo no tenía ni idea de lo que era un hamster, pero los ví y me enamoraron. Más cucos, más pequeños... Lo que pasa es que no eran muy dados a interactuar con dos niños pequeños que estaban deseando jugar con sus mascotas, así que nos inventamos un dulce juego con ellos. Consistía en colgar a los hamsters de la cuerda de tender la ropa y que ellos hicieran ahí malabares. Claro, tontos no éramos así que colocábamos una colchoneta de playa justo debajo para cuando cayeran. Con lo que no contábamos es con el rebote al caer y la posibilidad de que el segundo bote fuese fuera de la colchoneta. Y así fue. Por desgracia, al poco tiempo estaban los dos hamsters muertos. No por los golpes, sino porque se partieron las patitas y no podían ir a comer. Encima, fuimos macabros, o más bien, "macabrones". Todavía recuerdo la pechá de llorar que nos pegamos mi hermana y yo. Me consta que se basaron en nuestra historia para la saga de "Saw".



Poco después tuvimos un par de cobayas. Eran como hamsters pero a lo bestia. Y bonitas. Pero tampoco duraron mucho y esta vez no fue por ningún juego macabro, sino por alguna enfermedad.

Al tiempo, una vez mudados a mi casa actual, adquirimos un periquito. Tenía yo 12 años y aún no he olvidado el día que la ví morir. Fue una mañana en la que me tocaba "debutar" en un concurso de la televisión de Fuengirola. Me desperté como sobresaltado y lo primero que vi fue como una primilla (como un cernícalo) arrancaba de cuajo la cabeza a mi periquito "Pavarotti" que estaba en mi balcón. Super bonito todo, me quedé en tal estado de shock que en el concurso éste de la tele, ese día a la pregunta "¿Dónde está el menisco?" respondí "en el tobillo". Ole ahí mis huevos.



Y a partir de ahí, quitando esos peces naranjas que cogemos cada feria, no hay nada más. Una vez ya hubo nacido mi hermana pequeña, mi madre no quería mascotas. Pero en los últimos años por mi casa han pasado animales con plumas (periquitos, pájaros diamante), animales con escamas (carpas, peces exóticos) y animales sin plumas ni escamas (mi hermana María del Mar).

Pero yo seguía erre que erre con que quería tener un perro. Y como sabía que en mi casa un perro no iba a entrar, decidí tener una mascota más pequeña, pero esta vez sí, cuidarla como es debido. Finalmente encontré una chinchilla, pero eso ya mejor os lo cuento otro día, que hoy me estoy extendiendo bien extendido. En la siguiente entrada cuento algo de la chinchilla, para aquellos listos que la llaman "rata".



PD1: llevaba muchísimo tiempo sin actualizar y tenía un cargo de conciencia impresionante.

PD2: Vaya caña que le he dado a mi hermana María del Mar hoy. No te enfades animalillo!! =)

lunes, 7 de febrero de 2011

Cerrando la caja

"Al final el bar lo cierran"

Y punto. A cuadros me quedé. "¡Cierran el bar, joder!" pensé. Y me dolía, claro que me dolía. Ver cómo el trabajo de una familia entera durante años y años se va al garete es algo que no se le desea a mucha gente. Pero es así.
"Ostia Dani, qué exagerado eres, tan solo es un bar", dirás. Pues verás, no es del todo así.
Hablo del bar de mi abuela. Bar Restaurante el Tarifa (y no, no estoy haciendo spam). En pleno puerto pesquero de Fuengirola. Empezó siendo un quiosco de lata con una nevera para bebidas, una freidora y una plancha. Situado justo en el flanco derecho de la lonja donde se subasta el pescado de Fuengirola, era de claro ambiente marinero y su atmósfera familiar atrajo no sólo a los pescadores que llegaban de trabajar, sino también a aquellas familias que querían degustar pescado fresco, casi recién cogido.
Los primeros años de mi vida los recuerdo como una conjunción de mesas de bar, cajas de Coca Cola y pescadores. Todos felices y todos contentos, mi abuela regentaba aquel quiosco con una maestría digna de mención. A la edad de 7 años vi como aquel quiosco desaparecía dando lugar a la construcción ya de un bar de ladrillo. Lo llamaron Bar Restaurante el Tarifa, en mención a mi abuelo materno, por entonces aún en vida, ex jugador de fútbol tarifeño que al llegar a jugar en equipos malagueños adoptó el sobrenombre de "El Tarifa". Recuerdo la sensación que tuve al entrar por primera vez en aquel bar nuevo. "Haalaaa, todo esto es de mi abuela". Y es que contaba (y aún cuenta) con una planta baja más o menos espaciosa y una terraza al aire libre en la planta de arriba. Por entonces, con el calor del verano, se colocaban las mesas para la clientela en un espacio de acera justo detrás del bar, comunicando directamente con la cocina. Con el paso de los años el bar fue ganando una clientela fiel cada verano, y pudimos adaptar un pequeño solar justo a un lado del bar para convertirlo en una terraza propia.


Mi hermana María del Mar y yo siempre nos las apañábamos para hacernos amigos de los hijos de los clientes y así no nos aburríamos, pues pasábamos en verano un día sí y otro también. Hasta que un verano quise entrar a trabajar, aprender un poco y ayudar a la familia. Era a la edad de 13 y me puse por primera vez detrás de una barra. Aprendí rápido y ese verano descubrí lo que era tener dinero propio. Desde entonces, cada verano, cada festividad, cada puente... los paso trabajando allí.
Ese bar no es sólo un negocio. Es un punto de reunión de mi familia. Recuerdo haber celebrado más de una Nochebuena y más de una Nochevieja en el bar, con las puertas cerradas, mi familia dentro... y también pasamos muy buenos y muy malos momentos.
Así que, como comprenderás, no es solo un bar. Es una caja donde hasta hoy están guardados la mayoría de mis recuerdos. Recuerdos que, por otra parte, van a permanecer aunque la caja no esté. Es como si de buenas a primeras, te dijeran que la casa donde naciste, creciste y en la que a día de hoy vives, la van a derribar. En fín, es por ello que quería dedicar este homenaje a un bar que, si nada lo remedia, verá como su historia acaba el día 31 del próximo mes de marzo. Deséanos suerte.

lunes, 17 de enero de 2011

Un final feliz

Estaban frente a frente. Se miraron a los ojos. Sabían lo que iba a pasar y sin mediar palabra, sus labios se unieron. Él la abrazaba suavemente, había luchado tanto por llegar a este momento que quería saborear cada segundo como si fuera el último.
Cada paso que había dado en los últimos meses tenía como objetivo llegar a este momento. Y ahí estaba ella, con su cabeza acomodada en su hombro, derrochando esa ternura
que él tanto había buscado. Se atrevieron a dar el paso, dejaron todo atrás y empezaron algo nuevo. Al fín y al cabo, estaban donde querían estar. Y lo sabían


The End.



Cerré megavídeo. Eran las 2 de la madrugada y ya tenía sueño. Generalmente en las películas no me gustan los finales tan felices.Son como... irreales. Pero es lo que tienen
las películas, que te transportan a un mundo irreal donde tus sueños pueden hacerse realidad. Y en este caso, yo me iba a la cama con la sensación de envidiar al protagonista de la película.
Mi historia era bien distinta.